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Su mejor amiga

Hola a todos, desde aquí os animo a contarnos vuestras experiencias, esta es la primera que yo cuento y espero que os guste.
Sucedió hace poco durante mis vacaciones en la playa. Allí fui con mi novia, Gema, una chica muy hermosa, 1.75, pelo rubio, ojos verdes, unos pechos de un 90-95 muy buen puestos y una cintura no como las modelos de la tele que parece se van a romper, pero sí mostrando unas curvas muy apetecibles. Yo mido un poco más, casi 1.90, delgado aunque no en exceso, moreno y ligeramente musculoso.
A ambos nos gusta mostrar nuestros cuerpos, aunque con cierta timidez. Paseábamos siempre desnudos por el apartamento de la playa, asomándonos sin pudor por la terraza y ventanas sin ropa, aunque todavía no hemos visitado ninguna playa nudista. A mí incluso me gustaba aprovechar que mis vecinas estaban a la vista para salir y dejarlas ver claramente mi cuerpo desnudo, especialmente cuando estaba en erección, con mis 20cm a la vista.
Todos sabéis que la playa es el lugar perfecto tanto para mostrar como para disfrutar viendo cuerpos, chicos y chicas saliendo del agua con los bañadores pegados a sus cuerpos. Chicas con los pechos en punta, en topless, bañadores que se mueven con las olas y te dejan ver más allá... chicos bronceados, mostrando su pecho y con el bañador pegado a su cuerpo mostrándolo todo (incluido sus paquetes congelados por el agua salvo algún que otro pene excitado).
En estos días mi novia y yo aprovechamos la mínima ocasión para hacerlo una y otra vez, en una de ellas estuvimos a punto de salir a la terraza en plena acción. La historia surge cuando una amiga de mi novia (María) viene a visitarnos unos días lo cual me hizo tener algunas de las mejores erecciones de mi vida y tener actualmente la cabeza completamente revolucionada.
Ella, morena, 1.65, muy guapa de cara, con unos labios grandes y carnosos que invitan a besarla y a algo más... Ella es delgada pero tiene unos pechos más grandes que los de mi novia y eso hacía que mis ojos y mi pene no pudieran estar tranquilos. Verla en bañador, tomando el sol o saliendo del agua hacía que más de uno no le quitara los ojos de encima.
Ella dormía en la misma habitación que nosotros con el morbo que eso me generaba. La situación se puso más caliente cuando mi novia en la primera noche parecía tener ganas de marcha. Comenzó a mover muy suavemente su culo sobre mi pene, apretando cada vez más fuerte, reaccionando mi cuerpo rápidamente. María parecía dormida y mi novia no paraba de moverse cuando metió su mano en mi pantalón, sacándola sujetando mi miembro que sin perder tiempo lo apuntó contra su ano. Yo ya no podía más, ella que siempre ha sido reacia a ello, ahora, delante de su amiga quería que la penetrara por detrás.
Obviamente comencé haciendo fuerza, me costaba mucho, estaba muy duro, pero la excitación de ambos pudo más, poco a poco fue cediendo, entró un poco, la punta, un poco más, más... todo aguantando los gemidos, evitando el ruido pero la calentura era mucho, ella se mordía los labios, yo apretaba sus pezones con fuerza mientras ahora ya podía penetrarla sin contemplaciones, hasta el fondo, una y otra vez. Yo no podía más, la situación me podía, María no podía oír, incluso darse la vuelta y vernos.
No aguantaba más, mis gemidos me delataban, mi novia me miraba y apretaba más, me iba a correr, ¡por primera vez en su culo! y delante de su amiga. Ella gemía mientras me miraba, la cama se movía y María seguía durmiendo, de espaldas y sin sábanas, mostrando su cuerpo tan sólo tapado por un fino pijama, miré su cuerpo, su culo y el de mi novia siendo penetrado, no pude más, ahogué mi gemido en el brazo de Gema mientras mi leche salía, la corrida fue larga, juraría que ella también alcanzó el climax al ver mi cara, fuera de sí, que delataba el grado de excitación. Después nos tapamos y nos quedamos dormidos.
A la mañana siguiente cuando me desperté estaba sólo en la habitación, al salir, María no parecía haberse enterado de nada. Todo prosiguió como si nada.
Ese día en la playa me fijé más que nunca en el cuerpo de la amiga de mi novia, sus pechos redondos parecían pedir acción a gritos, sus labios carnosos pedían ser besados, su piel morena... Paseando por detrás de ella, no sé si aposta o no, pero se levantó la parte de abajo del bañador mostrándome a la perfección, sin prisas, su coño perfectamente rasurado... todo esto unido a los típicos roces en el agua me hicieron pasarlo bastante mal durante todo el día.
Y llegó la noche. Todos estábamos acostados, ellas con sus pijamas luciendo sus preciosas piernas y marcando bien las curvas, yo con mis shorts y mi excitación. Comencé jugando con mi novia, Gema, tocándole suavemente la espalda, el pelo, los hombros, las caderas, rozando sus pechos de vez en cuando para después hacerlo con más frecuencia. Poco a poco fui acercando mi pene, en erección, a su firme culo, al tiempo que pellizcaba sus pezones una y otra vez, centrando las caricias en sus zonas más erógenas. Sin embargo no termino de saber por qué, no quiso seguir. Tal vez sería que hoy María no estaba de espaldas, sino dormía mirando de frente. Fuera lo que fuera, mi novia paró.
Yo me quedé con una gran calentura, viendo como mi novia se quedaba dormida y como María lucía su cuerpo angelical en frente nuestra. No podía más, las imágenes del día podían conmigo, especialmente esas nalgas rasuradas... era demasiado, tenia que hacer algo.
Y lo hice. No me quedaban muchas opciones así que me fui sigilosamente al baño, no sin antes mirar detalladamente cada uno de esos dos cuerpos semidesnudos enfrente de mí. Me estaba masturbando, y no hubiera aguantado mucho cuando alguien abrió suavemente la puerta.
¡¡Era María!! Paré de inmediato y me tuve que poner colorado mientras ella me miraba fijamente, a mí y a mi pene. Ella se rió, bastante por cierto. No dijo nada, se acercó a mí y me tocándome la polla me besó. No sabía qué hacer, la situación me desbordaba, mi novia en la habitación de al lado durmiendo y yo con su mejor amiga, en el baño, desnudo, con ella sentada encima de mí, besándonos apasionadamente. En mis manos sus redondos pechos, sus manos rozando mi entrepierna cada vez más frecuentemente.
- Ayer follásteis en mis narices y yo no pude hacer nada. Hoy me las vas a pagar.
Esas fueron sus palabras, a partir de ahí perdí el poco control que me quedaba. Le chupaba y mordía los pezones, la besaba una y otra vez. Se agachó a chuparme la polla como nunca antes lo habían hecho y si no llega a parar se lo habría dado todo ahí mismo, en sus labios carnosos. Pero no. Ella quería más. Se subió en el baño y puso su coño, sí, ¡¡su coño, sin un solo pelo en mi boca!! No me lo creía, comencé a chupar sus labios, deteniéndome en su clítoris, una y otra vez, penetrándola suavemente con mi lengua, cada vez más rápido, sintiendo sus flujos correr por su vagina terminando en mi boca. Deseaba penetrarla, lo necesitaba.
Pareció leerme la mente y me sentó para introducirse mi polla, nos costaba ahogar los gemidos, cada vez se nos escapaban con más frecuencia, ella subía y bajaba con rapidez, moviéndose en círculo, adelante y atrás, no podía más, me iba a correr, le iba a dar todo mi semen a María, tenía sus pechos en mi boca, mis manos en su trasero, mi pene en su coño.
Levanté la mirada a su cara, esa cara dulce radiaba pasión, sus ojos estaban perdidos en el infinito y su boca semiabierta no paraba ya de emitir gemidos.
- Te lo voy a dar todo, le dije.
En ese momento aceleró el ritmo, su cara era un espectáculo, no podía más, comencé a eyacular fuertes chorros de semen en su vagina, uno, otro, otro más, no paraba. Ella sin duda lo notó, ya que inmediatamente después, y habiéndose corrido ella también, se puso a chuparme el pene, lleno de semen.
Esa imagen, María limpiándome el pene, junto con sus muslos por los que corrían nuestros flujos hizo que alcanzara otra erección digna de mención. En ese momento ella se levantó y me dijo:
- Ahora te darás cuenta de lo mal que siente al ser excluido.
Y se fue a la habitación

 





 

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