Mi nombre es Mario, actualmente tengo 31 años. Trabajo para un hospital muy importante de la ciudad donde vivo, la cuál en este momento no importa. Toda la vida creí ser heterosexual, todo esto comenzó a raíz de la dolorosa separación con mi novia. Ella, no digo su nombre, porque la respeto, fue durante mucho la razón de mi existencia. Vivía felizmente enamorado, al terminar la carrera, se me presentó la oportunidad de estudiar una especialización, la cual me alejaría irremediablemente de mi novia. No fue sencillo decirle, ambos lloramos.
Durante los primeros meses todo parecía normal, las cartas eran frecuentes, las llamadas por teléfono... las típicas tarjetas de felicitaciones. Hasta que cada vez se hicieron más distanciadas, un día recibí la noticia, ella me decía que lo nuestro estaba derrumbándose, estaba enamorándose de alguien más cercano, ME DECÍA: ADIÓS!!!, que la perdonara pero era lo mejor. Y ya nada podía hacer, me liberaba de mi compromiso.
Yo compartía el cuarto de alojamiento, con Julio, un trigueño muy apuesto y con unos músculos ahhh!!!!!, a quien le confié mi pesar. La verdad, esa noche al recibir la carta lloré de dolor. Julio, me escuchó atento, me pidió que saliéramos esa noche a divertirnos, yo no quería pero insistió tanto que acepté. ¿A dónde fuimos?, a una cantina (en eso yo fui insistente), lo más obvio. Me emborraché, y ya borrachos los dos, como pudimos llegamos a nuestro alojamiento. Seguimos bebiendo, hasta que harto de tanto alcohol, terminé vomitando, para limpiarme, me fui al baño, me lavé los dientes y me desnudé para bañarme y así se me pasaría algo de la borrachera, grande fue mi sorpresa cuando lo encontré mirándome, el pretexto era darme una toalla.
No me alarmó, porque era lógico que estuviera preocupado por mí al entrar al baño en mi estado inconveniente. Yo lo vi, y seguí de espaldas como estaba, entonces me arropó con la toalla. Una sensación a lo desconocido me hizo alarmarme, crecí en un ambiente machista y eso no era normal para mí. Intenté apartarme, pero él no me soltó, le dije que me soltara, pero él me dijo entre susurros: -calla no sufras, todo está bien- podía sentir su aliento en mis orejas. La verdad, aún no termino de comprender que me hizo quedarme quieto, pero cerré los ojos y dejé que siguiera.
Sus labios se apoderaron de mi cuello, su lengua lo recorría sin descanso. Se fue hacia arriba y me besó tiernamente la oreja izquierda. Sus fuertes brazos se cerraban acaparando su estomago, y yo puse mis manos en ellos; tenía los ojos cerrados disfrutando de las caricias de un hombre. Me solté y lo miré fijamente a los ojos, nuestros labios se buscaron y sellamos una relación tan antigua como la tierra misma: dos hombres descubriendo el placer de sus cuerpos.
Su boca fue bajando hasta apoderarse de mis tetillas, las cuales besó con la misma delicadeza y sabiduría, las succionaba, nunca había sabido que se esconde tanto placer en esa parte, rodó por mi estómago, hasta llegar a mis pubis, posó su cara en mis bellos, para ese momento ya estaba teniendo mi erección, su lengua recorrió tímidamente mi miembro y mis huevos, los cuales agarró y comenzó a succionar mi pene, se sentía tan rico... pasaba su lengua sin piedad por mi glande y la sensación era brutal, me hacía gemir de placer, esa lengua casi me hizo venirme en su boca; creo que se dio cuenta de ello y se detuvo, ahora yo me arrodillé y tomé sus huevos con mis dos manos, aprisionándolos y comencé a chuparlos con desesperación, como un mendigo hambriento, me gustaba la textura áspera y la temperatura, jalaba los pelos que encontraba, pasé a esa verga gruesa y venosa, su color contrastaba con el resto de su cuerpo y quedé mirándola por unos segundos, me alegraba de la perfección y la bella que era. Estaba caliente, y comencé a frotarme la cara con ella, la pasaba por mis mejillas, por mi nariz, su olor era exquisito, el mejor perfume del mundo; luego la pasé por mis tetillas hasta cansarme, hasta que finalmente me la introduje toda, la punta topó con mis amígdalas y sentí una retracción involuntaria que me hizo tener la sensación de vomitar, me dijo tiernamente que la introdujera poco a poco, que disfrute su sabor, su calor... así lo hice y sentía los líquidos que anuncian una eyaculación, eran deliciosos.
Ya no había marcha atrás, estaba decidido ha llegar hasta el final esa noche, quería sentir el amor de un hombre, Julio tomó mi pene de la mano y me guió hacia su cuarto (que después de esa noche fue nuestro) y me tiró en la cama.
Me abrió las piernas y comenzó a lamerme el ano, pasaba esa lengüita con delicadeza, me hacía ver las estrellas, estaba excitadísimo, yo le pedía que siguiera, que no terminara nunca, intentaba penetrarme con su lengua. Ya estaba empapado de su saliva, introdujo un dedo con sumo cuidado, luego dos, estuvo estimulándome mi próstata, y yo le pedí a gritos que me metiera algo mejor que dos simples dedos. Abrió sabiamente mi ano, y me preguntó que si de verdad estaba seguro de querer continuar, le dije que era lo que más deseaba en el mundo esa noche, así que cogió su verga y comenzó a frotar mi puerta trasera, dejando sus secreciones, apuntó hacia mi ano, yo podía ver la expresión de su rostro mezcla de placer y de felicidad.
Oh, oh!!!!!!!, lo sentí, sentí la punta dentro, y como iba introduciéndose en mí, ahora mi amigo estaba dentro de mí, no pude evitar sentir un pequeño dolor y me llevé la mano a mi estómago, él me dijo que si quería la sacaba, le dije que no, que estaba bien, que continuara, no había problema, siguió lentamente.
Sus gemidos, se acompañaron de los míos, sus piernas obligaban a abrir más las mías, sentir los pelos de ellas que picaban como alfileres, sus brazos terminaban en puños cerca de mis brazos, nos veíamos fijamente a los ojos, él se esforzó y logró besarme, fue el beso más tierno y más sincero que he probado antes, entonces me dijo: -¡Te quiero, te quiero! He soñado con esto desde que te vi la primera vez, cuando he sufrido pensar que la quieres a ella y que jamás podía pasar nada entre nosotros dos- ¡Te quiero, te quiero! Y remató con un beso, era fuego puro, era hierro y me estaba tatuando los labios con la tinta de su saliva, mis brazos recorrían su espalda y le apretaban sus nalgas, sentía como sus enormes bolas abofeteaban mi culo.
Alcé mis piernas y logré contraerlas para que obligaran al cuerpo de Julio a seguir penetrándome, ahora se movía mas frenéticamente, yo había perdido por completo la razón. Se recobró y alzó la cara, tenía los ojos desorbitados preso del enorme placer que al igual que yo sentía. Sentí como si se estuviera destapando una botella de champaña en mi interior, era su leche espesita que estaba inundándome, ese momento estuve fuera de este mundo, era tanta su venida que salía dentro de mí caía a las sábanas blancas. Yo igual me vine, al sentirlo, parte de mi leche le fue a su pecho, la cual recogió con su mano y la bebió golosamente.
Con un gemido se apartó de mí, y yo continué con las piernas abiertas, ante esta visión Julio se acercó a mi culo y comenzó a lamerlo, lleno de leche, de su propia leche, como recién abierto seguía dilatado y podía meter sin esfuerzo varios dedos dentro de mí y con ellos recogió parte de la leche que logró esconderse dentro y guió sus dedos con esa miel a mis labios, chupé esos dedos, no lo podía creer, ¡estaba devorando la leche de un hombre! Los dejé limpios, sin rastro alguno de la mezcla que tuvieron, entonces me besó apasionadamente, nos besamos hasta cansarnos.
Agotados ya, pues pronto amanecería, se acostó en la cama y yo puse mi cabeza en sus brazos, estaba tranquilo, le acaricié el pecho con cariño, y puse mis oídos para escuchar los latidos de su corazón. Una enorme paz me recorría, creo que había encontrado el amor nuevamente.
Al despertar, estábamos felices, a la siguiente noche penetré al primer hombre de mi vida, pero esa es otra historia. Vivimos un romance durante los meses que duraron nuestros estudios.
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