¿Hola, que tal? Esto que cuento me sucedió en mi trabajo en julio del 2000, y como es muy improbable que la protagonista o alguna persona conocida de ella -por sus situaciones sociales- lo lean, prefiero usar los nombres reales también.
Empezaré diciendo que me llamo Luis, soy auxiliar de farmacia en Sevilla desde hace tres años y dos que trabajo con Concepción -así se llama la farmacéutica, que además es mi jefa-, tiene 5 años más que yo, ella 32 y yo 28. La verdad es que nos llevamos a las mil maravillas a pesar de tener novia y ella estar casada (infelizmente, según ella); congeniamos muy bien desde el primer momento pero jamás habíamos tenido ninguna palabra fuera de tono.
Pero ese julio -en una de nuestras guardias que en verano son muy tranquilas-, me propuso que me llevara mi video para ver una película. Alquilé una, pero se me olvidó sacar una cinta que tenía dentro y que era porno y que... ¡casualidad de la vida!, trataba de una chica que se acostaba con su jefe.
Pues bien, después de comer y al ir a meter la cinta que había alquilado me di cuenta que estaba la otra dentro, la que era porno; con disimulo la saqué para que ella no se diera cuenta pero me vio una actitud sospechosa y al darse cuenta de que intentaba esconder una cinta me preguntó:
-Luis... ¿de qué es esa cinta?
Me puse colorado de la impresión que me dio y contesté:
-Son documentales de la 2...
Al ver el color de mi cara se debió oler algo y me dijo con algo de retintín:
-Ah, pues ponla... a mí me encantan.
-Es igual -dije más cortado aún-, ya que alquilé una mejor la vemos... ¿no?
-No, anda... pon esa para que vea los documentales que ves tú.
-Deja Conchi... ¡para qué perder el tiempo!
De pronto se puso algo seria y me dijo:
-¡He dicho que la pongas!
Cortadísimo sentí que me subía un calor tremendo a la cara, la puse y saltó el auto play viéndose la escena en la que la había dejado la última vez que la vi: una chica con "pinta" de secretaria follando encima de una mesa de despacho con su supuesto jefe.
-Conque estos son los documentales que ves... ¿verdad?
-De verdad, Conchi... debe ser de mi hermano... yo no veo estas cosas...
-¡No digas tonterías!... todos los tíos sois iguales, ¡les encantan estas cosas! Mi marido mucha iglesia, mucha carrera... y después le gusta ver estas cosas y a mí ni cuenta me echa.
Me quedé algo cortado por su pequeña confesión y le dije:
-Bueno, la quitaré ya para ver la peli que alquilé... ¿vale?
-No, déjala 5 minutos, que mi marido encima no me deja verlas; por lo menos que sepa de qué van estas películas. Siéntate... anda.
Me senté cortadísimo a su lado. Ella miraba la película muy atenta y yo, por la situación, empecé a excitarme. Como a los 5 minutos me atreví a decirle una cosa sin segundas intenciones, pero fue lo que dispararía la situación.
-Tengo un amigo que se acuesta con su jefa de 44 años... básicamente por miedo de perder el trabajo.
-¿Sí? -me contestó y calló para seguir mirando la película.
De pronto dijo con bastante sorna y creo que sin segundas intenciones:
-Pues no creo que tú fueras capaz de hacer lo mismo que tu amigo, porque estás con tu novia que no cagas.
-Eso es lo que tú no sabes.
-Ja, ja, ja -comenzó a reírse-; los tíos habláis mucho y después os rajáis.
-¡Yo no me rajo jamás!
-Mira Luis... tú no serías capaz ni de darme un beso en la cara...
-¿Qué no... quieres verlo?
-¡Venga valiente! -me dijo con cierto cachondeo.
Casi decidido me levanté de mi silla, me dirigí a ella y, cuando fui a besarla en la cara, con los nervios la besé en la comisura de los labios.
-¡Oye... casi me besas en la boca! -me dijo.
-¿Qué pasa... ahora eres tú la que te rajas?
-No, pero... ¡o se dan bien o no se dan! -contestó para mi sorpresa.
Me lo tomé como una invitación; me volví hacia ella de nuevo y esta vez la besé en los labios. Quise darle un beso corto pero me fue imposible despegar nuestros labios. Entreabrió los suyos y nos fundimos en un beso completamente apasionado. Sin despegar sus labios de los míos se levantó y me abrazó por el cuello, pegó su cuerpo al mío y pude sentir su pelvis restregándose por mi polla.
A los pocos segundos empecé a acariciarle los pechos por encima de la bata para acto seguido empezar a meter mis dedos entre los botones de ésta y por debajo de su sujetador pude sentir su piel suave y caliente.
Como poseído la cogí por las axilas y en volandas la puse encima de su mesa de despacho; sin dejar de besarla comencé a desatarle los botones de la bata y una vez que los desabroche todos la abrí hacia los lados, le subí el sujetador y empecé a bajar la cabeza.
Hummm... había imaginado sus tetas muchas veces, pero no se parecía nada a aquélla maravilla. No dejaba de chupárselas y ella daba pequeños gemidos, cosa que me encantaba pues mi novia nunca lo hacia. Me agarraba la cabeza apretándola contra sí y de pronto con algo de brusquedad empezó a empujármela hacia abajo; ni siquiera paró cuando intenté besar su ombligo... no se detuvo hasta que llegué a su coño.
Allí me encontré con unas bragas normales, de algodón; sin pensármelo las aparté hacia un lado y empecé una frenética lamida de su vagina. Ni siquiera me preocupaba darle placer, tan solo quería comérmela entera; habría sido capaz de morderla y tragarla del placer que tenía.
Ella empezó a gemir bastante más fuerte y apretaba con fuerza mi cabeza contra su vagina; a veces me parecía no poder respirar de la presión que ella ejercía. No pude más, me levanté, me saqué la polla -que ya me dolía de erecta que estaba- y besándola en el cuello se la metí de una vez. No costó trabajo... ¡estaba tan mojada! De pronto... con pocas ganas balbuceó:
-N... no... eso no Luis... mi marido... estoy casada... mmm... eso no... por favor.
Pero no dejaba de apretarme por el culo; seguí embistiéndola, de vez en cuando me decía la misma frase:
-Eso no... sácala Luis... por favor... mmm... mi marido... mmm... ¡¡¡sí!!!
Hasta que ya se entregó al goce totalmente y tan solo acertaba a decir:
-¡Sí Luis... ahhhh... sigue... no pares... estoy a punto... no pares!...
Yo también estaba a punto y con pocas ganas le dije:
-Conchi... paremos... estoy a punto de correrme y no tengo condón... ¡paremos por favor!... no quiero dejarte embarazada...
-¡¡¡No... no pares Luis!!! ¡Ahhh... no pares ahora!... ¡¡¡Como pares ahora te mando a la mierda!!!... mmm... luego me tomaré la píldora... ¡¡¡ahhhhh... me corro... ahhh!!!
No pude más... embistiéndola como loco encima de la mesa empecé a correrme gritando:
-¡¡¡Conchi... yo también... ohhh... qué gusto... qué morbo!!!
Cuando los dos terminamos le alcancé un kleenex para que se limpiara mi semen; nos vestimos algo avergonzados, nos sentamos y me dijo:
-Luis, esto no tenía que haber pasado, perdona, pero es que mi marido no me echa cuenta... no volverá a ocurrir... ¿de acuerdo? -yo asentía con la cabeza a todo-, y si se lo cuentas a alguien tú pierdes doblemente... tu novia y el trabajo.
Agaché la cabeza, me acordé de mi novia y sentí lástima de ella; pero al instante, al recordar lo que había hecho... me alegré.
Pasamos todo el día sin dirigirnos la palabra; hasta la fecha no ha vuelto a ocurrir nada, aunque me he masturbado en innumerables ocasiones pensando en lo ocurrido. Pronto tendremos otra guardia y pienso proponerle hacerlo de nuevo... ¡a ver si hay suerte¡
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