Hacía 20 años de haberme graduado del colegio y finalmente decidieron hacer una reunión. Me enteré por uno de los pocos amigos de esa época con quien aun tenía contacto. Como no tenía nada que me detuviera (me divorcié hace un año) decidí ir. Allí pasé un buen rato bailando con algunas de mis antiguas compañeras, saludando a otros y recordando buenos tiempos. A la hora me topé con Orlando. Dos décadas le había quitado el abundante pelo que lucía en el colegio pero le habían cuadrado los hombros y sus ojos grises penetrantes aun hacían que su mirada fuera cautivadora. "Mario, te acuerdas mío?" me preguntó. "Claro que sí, Orlando. Si no es por la calva te diría que estas igualito" "Lo mismo digo de tus canas". "Dime, y andas sólo, no te casaste?". "Divorciado, con dos hijos? Tu?" "No vale, soy gay a mucha honra."
Su declaración inesperada me dejó mudo. "Te sorprende? No te acuerdas esa noche en casa de Ricardo?"
En verdad fue lo único que recordé cuando lo vi en la reunión. Ricardo era un buen amigo mío y casi siempre yo iba a pasar la noche en su casa para estudiar. Una noche había invitado a Orlando. Después de estudiar nos habíamos quedado dormidos y al rato me paré a ir al baño a orinar. Me sorprendió que Orlando entrara mientras yo orinaba. Se disculpó rápido pero reanudó una de las conversaciones con las que habíamos interrumpido nuestros estudios aquella noche: las chicas. "Así que aun no has tenido sexo". Le dije que no y el me dijo que el tampoco, pero propuso sin mucha vergüenza que "Si quieres lo hacemos entre nosotros para ver como se siente." Yo no era ningún tonto, sabía lo que quería, pero titubee un poco, Orlando me hizo una oferta que no podía yo rehusar. "Anda, yo te doy el culo primero, pero luego me toca a mi". En poco tiempo estábamos desnudos, Orlando en cuatro en la alfombra del baño y yo detrás de él con mi erección tratando en vano de entrar en su apretado culo. Orlando me dio instrucciones de usar saliva en la punta de mi miembro y de restregarlo en el ojo de su trasero. Entonces empujé mi verga hacia delante y me envolvió la sensación más rica que había yo sentido en mi vida hasta entonces. Era evidente que a Orlando le había dolido la embestida, y le pregunté si estaba bien, a lo que me dijo que lo cogiera pero lentamente. Así empecé a hacer pero no se la había metido y sacado ni tres veces cuando sentí que tenía el clímax cerca. Empecé a cogerlo rápidamente y le apreté fuertemente las caderas para descargar mi leche en lo profundo de su trasero. El cuerpo se me estremeció de una manera tal que nunca he vuelto a experimentar.
Cuando me desabroché de él, se volteó y vi que su verga estaba muy excitada y que tenía por lo menos cuatro dedos más de largo que la mía. Anteriormente con Ricardo yo había intentado coger, pero no habíamos logrado nada. Ricardo había insertado su pene de apenas 5 centímetros en mi ano y yo había protestado tanto que no esa había sido el último intento. No había modo que me dejara clavar el machete que Orlando ondeaba amenazante mientras se limpiaba el trasero del producto mi primera cogida. Así que entre protesta y protesta le negué mi culo a Orlando, quien se fue silencioso al colchón del cuarto y no me volvió a dirigir la palabra hasta 20 años mas tarde en la reunión.
"No te acuerdas esa noche en casa de Ricardo?" Me preguntó con una sonrisa maliciosa.
"Cosas de muchachos" le respondí.
"Si te interesa podemos ir a mi apartamento a recordar los buenos tiempos"
"Mira, Orlando, yo no soy así"
Orlando se rió: "No te preocupes, Mario. No te voy a pedir que cierres el trato que tuvimos esa noche. Te estoy ofreciendo gozar un rato, hacemos lo que tú quieras. La pura verdad es que vine a ver si podía salir de aquí con alguno de mis antiguos amigos. Pero te juro que los pocos que vinieron están en un estado físico deplorable. Tú que nunca fuiste nada que ver, estas de lo más interesante ahora."
Lo cierto es que me interesé por el fútbol sólo después del colegio, y mi cuerpo se había entonado y había perdido peso. La chiva que portaba post divorcio y las canas probablemente me daban un toque que a Orlando interesaba. Por mi parte, pese a nunca considerarme bisexual, cada tanto yo había buscado repetir ese estremecedor primer orgasmo que había experimentado cogiéndome a Orlando. Pero ningún encuentro con machos me había satisfecho de esa manera. Quizás esta era mi oportunidad.
En el apartamento de Orlando nos desnudamos en el cuarto. Orlando parecía ser tan enano de estatura como antes, pero ahora una fina pelusa le recubría el pecho y estomago. Su pene colgaba largo pero aun flácido, con un glande gordo y recubierto parcialmente por pellejo. El mío en cambio demostraba mi completa excitación.
"Mario! Ese chorizo tuyo si se ve sabroso" y acto seguido se arrodilló frente a mi para probarlo. Orlando besaba, lamía y chupaba deliciosamente, y cada tanto subía su mirada como para comprobar si me estaba dando un buen trato. Yo me sentía en el séptimo cielo. Que bien la mama Orlando! Vi también como se masturbaba. Su venoso pene se veía más enorme de lo que yo recordaba.
Nos tumbamos en la cama y Orlando se puso en posición 69 para seguírmela chupando, mientras se masturbaba. Sin duda sabía que poseía un miembro irresistible. Le agarré la mano para que se dejara de masturbar y tomé su caliente y hermoso miembro en mi mano. Me lo llevé a la boca y pude probar su líquido preseminal que libaba de su enorme glande. Empecé a chuparle, pero me excité tanto que paré para decirle que acababa. Orlando siguió chupando y me estremecí todo acabándole en la boca. Orlando no desperdició ni gota. "Me la quieres seguir mamando?" me preguntó. Yo le dije que sí y Orlando se arrodilló al lado de mi cabeza e introdujo su pene en mi boca y empezó a cogerme la cara. En una de esas introdujo más de lo debido y me atraganté, pero rápidamente reanudamos y Orlando supo medir cada arremetida de su pene en mi boca para que no se fuera muy profundo. Entonces empezó a apurar su bombeo y rápidamente sacó su verga de mi boca y la apuntó a mi cuerpo. Vi con asombro como chorro tras chorro de su caliente semen me bañaba el estomago y el pecho. Orlando y yo nos sonreímos y yo creí que ya se había acabado esto, pero él hombre empezó a lamer la leche que había derramado sobre mi. Al llegar a mi pene, se lo metió en la boca, pero yo aun estaba muy sensible y me estremecí mucho. Me dijo: "No me digas que no se te va a parar otra vez. Yo con las ganas que tenía de que me la metieras" "Dame un rato" fue lo único que alcancé a decir. Así que mientras tanto a Orlando no se le ocurrió mejor cosa que seguir lamiendo, pasando su lengua por mis bolas y luego levantándome las piernas para empezar a lamerme el ojo del culo. Nunca me lo habían hecho, y Orlando se encargó de hacerme lamentar los años que había pedido sin tener una lengua juguetear en mi culo. Me puso en cuatro y siguió con su cara pegada entre mis nalgas, lamiendo alrededor del ojo y pasando la punta de la lengua por todo el ojo de mi culo. Pasó una mano por debajo y comprobó que su lamida me había provocado otra erección". Me dijo. "Ya veo que estas listo para cogerme" pero no me contuve de pedirle "Métemelo tú a mi".
Orlando dejó plantado un buen charco de saliva en mi culo, el cual restregó con su mano en mi culo. Luego introdujo un dedo, lo cual hizo que yo apretara automáticamente.
"Relájate, Mario, y vas a ver que te gusta"
Así fue metiéndome los dedos y masajeándome de la manera más rica. Cuando ya me estaba gustando al punto de que me estaba masturbando, se detuvo para sacar de una gaveta un pene plástico. Lo humedeció metiéndoselo en la boca y lo introdujo en mi ano abriéndolo aún más. Jugamos un rato con el pene plástico lo cual estuvo bien, pero fui yo mismo quien pidió el placer más autentico. "Quiero que me cojas".
Su verga era más grande que el de plástico y creí que me iba a reventar atrás y que no iba a resistir el dolor. Pero Orlando sabía lo que hacía y fue muy paciente y delicado con mi culito. Sólo cuando vio que yo estaba cómodo con la invasión anal fue que se olvidó de mí y se concentró en sacar todo el placer posible de la cogida. Me clavó su enorme miembro una y otra vez con fuerza y rapidez creciente. No sé quien empezó a gemir primero, pero pronto los dos estábamos emitiendo un coro de placer erótico de primera. Me tumbó de barriga, cerró mis piernas y nuevamente introdujo su verga dentro de mí y me cabalgó rápidamente hasta que gritó y se templó. Sentí que su verga hizo dos templadas con lo que Orlando lo sacó un poco y volvió a metérmela profundo para eyacular un par de veces mas. Entonces se tumbó su sudoroso cuerpo sobre el mío.
Desde esa noche va una semana que nos turnamos para dormir en su apartamento o el mío. Lo único que lamento son los 20 años que pasé sin saber lo rico que es tener una verga metida en el culo
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